Entre la dominación y el consenso

El mantenido retiro de la invitación al presidente Nicolás Maduro para impedirle asistir a la 8va. Cumbre de las Américas vuelve a recordar el espíritu neocolonizador con que nació esta cita en 1994, de la mano de Estados Unidos.

Aunque la excluyente decisión se adjudica al dimitente exmandatario peruano Pedro Pablo Kuczynski —quien hace dos semanas renunció para evitar la deshonrosa vacante que le aplicaría el Congreso por actos corruptos—, muchos adivinan que la medida no obedece exactamente al país anfitrión, sino a otros dictados…    

Si nació el mecanismo para imponer a América Latina y el Caribe el proyecto anexionista conocido como Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), ahora vuelve a poner a la vista la forma artera con que Washington pretende usarlo nuevamente como instrumento de dominación hacia el sur.

A menos de una semana del encuentro presidencial hemisférico de Lima, los próximos días 13 y 14, funcionarios no identificados del Departamento de Estado que citó la enronquecida Voz de las Américas, dijeron el miércoles que Venezuela sería el tema «más importante» de la Cumbre y, al esbozar la agenda de trabajo de la Casa Blanca allí, agregaron que será «una buena oportunidad para hablar con las naciones del Caribe, quienes en el pasado se han opuesto a un mayor acuerdo y mayores acciones» sobre aquel país.

La declaración, ofrecida durante una reunión en el National Press Club, podría tomarse como «confesión de partes» que «releva de pruebas» en medio de la furibunda campaña mediática estadounidense contra la nación bolivariana, acompañada de sanciones contantes y sonantes que castigan a su economía y sus finanzas, para luego hablar de una inexistente crisis humanitaria que, por demás, Washington pretende endilgar a un presunto mal ejercicio del Gobierno de Maduro y, en todo caso, habría que adjudicar a su bloqueo y sus presiones.

Pero tanto como el afán de llevar a la Cumbre esa cruzada e incluso, si pudieran, darle sacrosanto y regional bautismo allí, alerta sobre lo que puede ocurrir el hecho de que EE. UU. pretenda «hablar» en tal contexto con un Caribe que, apegado al Derecho Internacional, impidió hasta hoy la aprobación en la OEA de una injusta resolución que ya habría amparado una intervención estadounidense contra Venezuela.

¿De qué se trata…? En tanto ello se constata, tales anuncios dan la razón a analistas que avizoran la cita como un escenario donde, auguran, serán ostensibles dos posturas: la que ve a la región como anquilosado apéndice del Norte —o, tal cual decía un observador citado por Sputnik, con la vieja mirada del patio trasero—, y la que la concibe como un conglomerado de países integrados, entre los que es posible hallar derroteros comunes a pesar de las diferencias y contando, incluso, con Estados Unidos. Eso sí: sin que las naciones del sur pongamos en riesgo la soberanía y la independencia.

Por demás, si bien el giro a la derecha experimentado en algunos países de la región puede propiciarle aplausos, dichos propósitos también podrían aguar la que será primera visita de Donald Trump, como presidente, a un país de América Latina, acontecimiento que con tanto entusiasmo exaltan sus funcionarios, a pesar de la ya constatada xenofobia del mandatario.

Mirada atrás

Pero este pretendido y avisado secuestro por EE. UU. del tema formalmente propuesto para la 8va. Cumbre de las Américas —Gobernabilidad democrática frente a la corrupción, ese es su nombre—, pondría también en reversa los avances experimentados en un foro que, además de los mencionados propósitos comerciales, muchos avizoraron en sus inicios como una expresión del deseo estadounidense de hacer a un lado a las entonces prometedoras cumbres iberoamericanas —donde EE. UU. no estaba y no está— e incluso, el mezquino deseo de mantener aislada a Cuba, a la que se excluyó desde el comienzo de estas reuniones.

En 2015, sin embargo, la Mayor de las Antillas asistió por primera vez luego de la presión que diversas naciones del continente ejercieron para que se reconociera su obvia pertenencia al entorno americano, condición geográfica a la que se suma el prestigio ganado en la región por una nación que, siendo tan pobre en recursos y todavía hoy bloqueada por Estados Unidos, ha alcanzado índices de desarrollo y justicia social que la convierten en emblema.

Fue esa la segunda clarinada de cambios en el contexto de estas cumbres, que demostraba la posibilidad de convivencia en la diversidad, a pesar de haber surgido con el carácter excluyente que imponen los imperios.

Resultó sintomático que la primera reunión tuviera lugar en Miami, donde 34 países firmantes sacralizaron la democracia representativa al estilo burgués que tanto desencanto sigue propiciando en muchos países y en muchos votantes; ensalzaron a la OEA; se pronunciaron por la integración mediante el «libre comercio», y fijaron la consecución del ALCA para el año 2005.

Un paso ulterior seguiría mostrando a estas reuniones como instrumento para la imposición unificadora del modo de hacer y vivir recetados desde el Norte.

La tercera edición, en la ciudad canadiense de Quebec, en abril de 2001, postuló la exclusión del foro de «cualquier Estado» donde existiese «cualquier alteración o ruptura inconstitucional del orden democrático», y acordó instruir a los cancilleres de los países presentes la preparación de la llamada Carta Democrática Interamericana: una suerte de camisa de fuerza política aprobada finalmente en septiembre, precisamente en Perú, que da venia al Consejo Permanente de la OEA para injerir en los destinos del país que, se considere, estuviera en dicha situación.

También tal apéndice se blande ahora para cuestionar y segregar al Gobierno de Nicolás Maduro, a pesar de no haberse tomado en cuenta ante los varios casos de ruptura institucional de la democracia en naciones víctimas recientes de los llamados golpes suaves de la derecha como Paraguay, Honduras y Brasil. Ni siquiera se le recordó durante el fallido golpe de Estado al presidente Hugo Chávez, en abril de 2002.

Sin embargo, la historia de la Cumbre de las Américas también muestra momentos en que la claridad de algunos de sus países miembros revirtió los deseos imperiales de dominación.

Así ocurrió en la quinta reunión en Mar del Plata, Argentina, en el año 2005, cuando la postura firme de los presidentes Chávez, Luiz Inacio Lula de Silva, Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez derrotó el proyecto del ALCA, al cumplirse el plazo fijado para su implementación.

Necesarios y posibles consensos

Trece años después, dos entramados netamente regionales ofrecen espacios más factibles para la integración y la cooperación latinoamericana y caribeña: el ALBA-TCP, erigido sobre los principios de la solidaridad, la complementariedad y la cooperación que hicieron valer sus fundadores, Fidel y Chávez, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac): el entorno regional más amplio e integrador, sin la presencia de Estados Unidos.

Sin embargo, ello no descarta la posibilidad de obtener consensos en escenarios menos «criollos», para usar un eufemismo que refleje la antítesis de ese saborcillo anglosajón que da un regusto raro a la Cumbre de las Américas.

Así lo reconoció la reciente 15ta. cita del ALBA-TCP, celebrada el 5 de marzo en Caracas, al estampar en su declaración final el derecho de Venezuela a estar ahora en Lima, y el criterio de que de que esta 8va. Cumbre de las Américas «debe ser un punto de encuentro para todos los Estados del continente y un espacio donde todos podamos expresar nuestras ideas, alcanzar consensos, disentir y debatir respetando nuestra diversidad».

Estados Unidos, padre fundador de estas reuniones, no debiera ser quien lo impida.

Amplia representación cubana

Una amplia representación del pueblo cubano partirá este domingo a Perú para participar en las citas que tendrán lugar en Lima de forma paralela al mecanismo presidencial y como parte de la Cumbre.

Estas instancias ya sesionaron durante la cita anterior, en Panamá, y reunirán, en distintos foros, a representantes de la sociedad civil, jóvenes, empresarios, parlamentarios e indígenas.

Aunque debían ser espacio para la participación democrática, los representantes de nuestros Comités de Defensa de la Revolución y de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños fueron excluidos, en un reflejo de que también este segmento de la Cumbre puede ser manipulado para agredir a las naciones que piensen distinto a los dictados de Washington.

Con la fuerza moral de un país que, pese a las carencias materiales, exhibe los logros de casi 60 años de construcción del modelo que libremente nos hemos dado, la delegación de la Isla defenderá nuestra autenticidad y nuestra cubanía.

Fuera de toda programación oficial y convocada por organizaciones sociales peruanas, sesionará también en Lima la Cumbre de los Pueblos, donde todos «los alternativos» latinoamericanos y caribeños tienen asegurada su credencial.

Tomado de Juventud Rebelde

 

 

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Autor: taconymediasuela

Promoviendo el debate sincero, abierto y profundo sobre la realidad cubana actual. Te presentamos una visión objetiva en medio de la guerra mediática que impulsa la derecha regional.

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